miércoles, 20 de septiembre de 2017

Slangman de nuevo

Trascurridas dos semanas, volvimos a vernos las caras con el "domador de serpientes", para que pudiese verlo en acción la otra mitad de los alumnos de Vertebrados. Pero esta vez no tuvimos que ir hasta Naval Hill, sino que vino él al Campus. Y malamente refugiados del sol a la sombra de un árbol sin hojas, escuchamos de nuevo su discurso sobre la biología y la conservación de los reptiles...

... discurso que fue bastante más largo que la otra vez, la verdad. De modo que cuando nos metimos en harina y salieron las serpientes a pasear, nos pilló con muchas ganas. Se trajo a nuestras dos amigas de la vez anterior, la víbora bufadora y la cobra anillada...

... y a una tercera amiga: una preciosa cobra del Cabo Naja nivea, que completaba con las otras dos la terna de especies peligrosas del Free State. Se trajo también una pitón de roca Python sebae para que la gente la manosease un poquillo y se hiciese fotos con ella.

Y no sé, la verdad: la línea entre la educación ambiental y el circo puede estar a veces bastante borrosa, y yo con este hombre y sus serpientes no acabo de estar a gusto, o de ver que realmente sea beneficioso... esperemos que sí.

Encaramada a un ciprés cercano, esta garza cabecinegra Ardea melanocephala, un ardeido que suele moverse por pastizales y zonas así en general secas, no nos quitaba ojo. Creo que si le hubiésemos dejado participar en el show nos habría hecho una demostración bastante convincente de cómo opina ella que hay que tratar con las serpientes...

lunes, 18 de septiembre de 2017

Serines de sustitución, y clases recicladas

Serín verdecillo. Luis García. Wikipedia
Esta mañana, antes de salir de casa a la Facultad, me dio como un ataque de nostalgia natural, y a punto estuve de quedarme un buen rato hojeando la Mullarney/Svensson: echaba de menos ver algo de fauna europea; y mira que estoy la mar de contento con los pajáros que veo aquí, pero aún así... Me faltaban en concreto esta mañana los pequeños fringílidos: los jilgueros, verderones y verdecillos con que me cruzaba a diario por Ciudad Universitaria.

Derek Keats. Wikipedia
Y en esas estaba cuando, ya por el Campus, me di de bruces con un fulano como el de la foto: un serín amarillo Crithagra flaviventris. Que ya empieza a ser raro: cuatro meses paseando estos mismos jardines casi a diario y encontrar hoy una nueva especie residente (pues las oscuras golonrdinas y otras migradoras primaverales empezarán a llegarnos ahora desde vuestro moribundo verano). Bien es verdad que, pese a ser también residentes, los serines desaparecen en invierno de Ciudad Universitaria; o al menos no se dejan ver, o al menos yo no los veo. Será aquí también así...

Sea como fuere, no es lo único que me ha retrotraído hoy a la Complutense...: resulta que, de la noche a la mañana, mi querido jefe decidió que se iba a ir a un congreso de Parasitología que empieza dentro de nada... en el Kruger (¡*&#*!); y como no es tan santo el pobre como para bilocarse, pues me pidió que diese yo las primeras clases de la asignatura de Ornitología, que ahora comienza.

Y la conexión complutense llega por aquí: ¡a Dios gracias que se nos ocurrió, allá por 2008, organizar a Javi, a Vero y a mí aquel curso de ornitología, cuyas diapositivas tan bien me están viniendo ahora! Traducidas y sobre todo retocadas, claro, que ¡hay que ver lo que me gustaba de aquellas usar fondos de colores en las presentaciones!

sábado, 16 de septiembre de 2017

La olimpiada cientéfica

Mi gurú esperitual
Qué relativo es el tiempo, el jodido de él... muchas veces, si me preguntaseis, os diría que "parece que fue ayer"; pero hoy es uno de esos días en que cuatro años me parecen cuarenta. Mientras que muchos de mis compañeros de promoción del colegio, de la carrera, de la tesis... avanzan con sus vidas y crían a sus hijos (dos nuevos solo en agosto; y luego dicen que no nacen niños), yo bien pronto habré estado en la Universidad casi tantos años como fuera de ella. Y lo que pesa no es eso en sí, sino seguir "de estudiante". Con un ritmo despreocupado que en realidad no cambiaría por nada del mundo, pero con la preocupación de que cada beca que se echa, cada artículo que se envía, sientan como presentarse a un examen; uno mal preparado, además... pero oye, tampoco es que esté tan mal. ¿Que igual me ha pillado hoy el día tonto? Igual. Pero me ha pillado también en Sudáfrica, y eso es una señora victoria, visto lo visto. Así que nada, echaremos otros cuatro meses, otros cuatro años u otros cuarenta, entrenando cada día para cuando lleguen las competiciones de estos Juegos Cientéficos. Que la cencia no se hace sola...

viernes, 15 de septiembre de 2017

El jardín, ladera arriba

Ayer jueves con los alumnos no nos quedamos mucho abajo junto al laguito, que a fin de cuentas habíamos venido a ver zonas áridas. Y ya veis en la foto que, sacando la parte irrigada del jardín (la masa boscosa de abajo), el Free State es más bien árido; tanto más ahora que estamos ya hacia el final de la estación seca, y con unas temperaturas casi diez grados más altas que las medias para esta época.

¿Qué pululaba por aquí arriba? Pues aves más bien pocas, por no decir que apenas ninguna; claro, a quién se le ocurre subir aquí a las dos de la tarde con toda la solana, solo a mi jefe... Me dio la vida al menos para tacharme una prinia pechinegra Prinia flavicans despistada que se puso a tiro de prismáticos, que no de cámara. Entre las matas de hierba seca asomaban aquí y allá las espiguillas florales de algún áloe desconocido para mí y sin su cortejo de suimangas, que lo hubiera hecho mucho más interesante...

Una mata de euforbia lápiz Euphorbia mauritanica, que me recordó un poco a sus primas las tabaibas canarias. El arbusto del fondo, por cierto, es un acebuche; que a mayores de en la cuenca mediterránea se los encuentra uno un poco por todas las regiones medio secas de África.

 Un bicho, por fin, compensando con su abigarrado aspecto la ausencia general de fauna: un saltamontes espumador Dictyophorus spumans, grande como una langosta, áptero y rematadamente torpe. Pero tampoco necesitas ser un atleta consumado si eres tan tóxico como él; el colorido que se gasta no deja lugar a dudas. Se pasan estos saltamontes la vida comiendo plantas venenosas, cuyo veneno aprovechan luego en beneficio propio, segregándolo a modo de espuma cuando alguien, algún daltónico supongo, les toca las antenas...

 Uno de los pocos arbolillos que no tengo problema en identificar aquí, por lo peculiar que es, un (y traduzco el nombre inglés) "árbol repollo de montaña" Cussonia paniculata, de la familia de las hiedras, con unas hojas como palmeadas y de borde serrado muy grandes y distintivas, de tono gris azulado.

 En otro árbol repollo de estos descubrí un pájaro carpintero que se lo estaba pasando pipa a base de dejarlo como un colador. A pesar de que no conseguí hacerle ninguna foto decente, me fui para casa la mar de ilusionado, con la esperanza de que (como os dije ayer) al tirar de fotos y guía resultase ser algo nuevo. Pero para mí gran decepción era "solo" un pito cardenal Dendropicos fuscescens: uno de los pájaros carpinteros más extendidos por toda África subsahariana, y que de hecho me había tachado ya en el Kruger. Para colmo de males, y también para tranquilidad mía futura cuando vea un pájaro carpintero en peores condiciones, resulta ser además la única especie que se encuentra en esta bendita ciudad.

Esta ciudad que, por su situación céntrica, ha sido siempre una joya muy deseada, y no solo para hacer postdocs: a lo largo de buena parte de la ladera corría un muro de piedras bastante pesadas de dolerita; un parapeto militar recuerdo de la segunda guerra anglo-bóer, que terminó con victoria para los ingleses y posterior incorporación de toda Sudáfrica al Imperio (aunque no por mucho tiempo). Tras tomar la ciudad sin mucho esfuerzo en 1900, los simpáticos británicos (iba a escribir "ingleses", pero luego me acordé) establecieron en ella un campo de concentración de mujeres y niños africáners de donde salieron pocos con vida. Empezaba ya bien la historia del país...

jueves, 14 de septiembre de 2017

El jardín, ladera abajo

"Pero ¿y eso es un jardín botánico?" Esta frase, acompañada de todo tipo de descalificativos, ha sido la tónica habitual entre los que habéis visto por wasap esta imagen de una panorámica del Jardín Botánico del Free State, donde llevamos esta tarde a los alumnos de Zonas Áridas para que remoloneasen un poco entre los arbustos...

 ¿Os parece ya mejor así, con parterres, sombra y cartelitos? Trajimos a los alumnos aquí precisamente porque el recinto alberga varias masas bien conservadas del matorral de transición entre el Karoo y el Highveld, la vegetación típica de la zona de Bloemfontein; pero a mayores también tiene lo que la gente espera de un jardín botánico.

 Y por tener tiene hasta un pequeño laguito, al que le tenía yo bastantes ganas, para ver si conseguía tacharme algún ave acuática. Pero el laguito estaba ahora, al final de la estación seca, pues prácticamente vacío, y apenas sí se veían más que unas cuantas fochas morunas y zampullines comunes, que son ambos los mismos que tenemos en España (aunque las fochas morunas, que son la focha estándar del África subsahariana, estén amenazadísimas de extinción en España).

 Sorprendí en una rama al borde del agua, y fotografié bastante mal, a este juvenil de cormorán africano Microcarbo africanus, pequeño como un pato, y con el pico muy corto. Aunque a estos ya los había visto en el lago artificial del centro comercial grande de la ciudad...

 ... igual que también había visto correteando por el campus (aunque no muchas, cierto es), a las lavanderas del Cabo Motacilla capensis, que correteaban aquí a su vez por el borde limoso del agua, con su pinta a medio camino entre lavandera blanca y cascadeña.

 ¡Por fin!, de algún escondrijo entre las espadañas donde no se les veía al llegar nosotros, salieron nadando estos ánades picolimón Anas undulata tan bonitos, los primeros patos distintos del ganso del Nilo que veo en este país (los gansos del Nilo en cambio uno se los encuentra un poco por cualquier herbazal, aunque no haya agua a la vista). Aunque estos dos nadaban con actitudes parejiles, como la inmensa mayoría de los patos tropicales que me vienen a la cabeza ahora mismo estos no muestran dimorfismo sexual... ¿por qué será eso? A ver si investigo algo... 

Y acabo ya con una foto que no os dirá nada, pero que a mí me sirvió de mucho, en concreto para tacharme un bicho más. Mis fotos de bichos en general no son muy buenas, pero bendigo cada día de campo la cámara que me regalasteis en mi despedida y sus sesenta aumentos, que me sirven mucho para luego repasar detalles en casa y poner nombre a bichos que se me quedarían si no en el tintero. A este por ejemplo lo escuchaba cantar muy bien, pero semioculto entre las ramas y alto en el árbol como estaba, con los prismáticos no se veía nada que me ayudase a ponerle nombre. Es ahora cuando, a la vista del mecho algo estriado, de la garganta moteada de negro y de la cola con los lados blancos (y confirmando que el canto es el que escuché); es ahora digo que puedo decir que me he tachado también el serín gorjinegro Crithagra atrogularis. Y tan contento, con mis dos bichejos nuevos...

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Manrique y el Kruger

 Cada vez que enciendo el portátil, mi fondo de pantalla me recuerda lo bien que podría estar en el Kruger en vez de aquí asándome de calor (que hemos pasado del invierno al verano sin tiempo ni de pestañear... y, de hecho, aún estamos en invierno). Allí también me asaría, vaya; pero en el campo viendo bichos, que presta más que en el despacho... Para matar la nostalgia del Parque, al poco de volver me compré cuatro libros; que las cosas, si se hacen, se hacen bien: tres libros de memorias de los inicios del Kruger, y este otro:

101 Kruger Tales es el libro con el que me estoy yendo a dormir desde hace poco, y por menos tiempo aún, pues creo que a mañana no llega... Como dice su tagline, es una recopilación de "historias extraordinarias sucedidas a visitantes ordinarios del Parque", contadas por ellos mismos y simplemente recopiladas por el editor. Como dice el propio libro, el Kruger tiene una cosa especial, que lo distingue de la mayoría de las grandes reservas africanas: al igual que la muerte de las Coplas, el Kruger trata a todos por igual. El acceso está restringido para todo el mundo a las carreteras y un puñado de recorridos que se pueden hacer a pie, y uno puede visitar el Parque en su propio coche viejo y destartalado, sin tener que pagar para que lo paseen a uno de safari. De este modo, ricos y pobres tienen las mismas posibilidades de irse para casa de vacío o con algún recuerdo que les dure toda la vida; es cuestión de suerte. Me ha resultado muy curioso leer una y otra vez, a lo largo de las historias (algunas graciosas, otras terroríficas, otras "sin más" emocionantes), como mucha gente comenta cosas del estilo "llevo viniendo al Parque todos los años, ya desde que mis padres me traían de acampada de crío..."; y me hace gracia pensar en los que ponen los ojos en blanco y chasquean la lengua cuando les digo que voy a Monfragüe "otra vez"... no, si yo entiendo que el tiempo es limitado, y que hay muchos sitios que ver; pero es que hay sitios que son distintos cada vez que uno los pisa, así que también cuenta. Qué ganas tengo de volver... y al Kruger, también.

PD. ¿Cómo diríais "tagline" en español?

lunes, 11 de septiembre de 2017

¿Tierra yerma?

 Tuvimos hace algunas semanas una reunión de mi grupo de investigación, y mi jefe nos dijo que le había llegado una invitación de un "retiro de escritura" (básicamente un fin de semana a gastos pagados por el Ministerio para que la gente a medias se relaje y escriba ciencia de calidad), en Clarens, una zona muy turístico-occidentalizada del NE del Free State. Y cuando ya me relamía pensando en lo mucho que iba a sufrir, y en las aves de la media montaña drakenbergsiana, añadió que "... entonces Antón, si no te importa, ¿das tú las clases que me tocaría dar a mí ese lunes?"
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"Sí, claro, sin problemas". A ver, qué voy a decir. Además que sabéis que lo de las clases me mola mucho, pero como me había hecho ilusiones en apenas unas décimas de segundo... Bueno, eso pasó. Y hace una semana fui yo a una clase de mi jefe, para ver cómo las daba, y preparar yo las mías en consecuencia; y me quedé horrorizado. Mi jefe no hacía más que intentar preguntarles cosas, y ellos con cara de susto y alucine, con la misma cara que pondrían si una urraca empezase a hablarles en lenguas extrañas; y callados como muertos. Y mi jefe, bendito él, que no hacía más que preguntarles una y otra y otra vez, con el mismo resultado; y yo en agonía, deseando contestar yo para evitar aquellos silencios continuos que me estaban matando... me quedé algo asustado, la verdad. Pero bueno, llegó hoy, y fui a darles sus dos clases de Adaptaciones a Zonas Áridas, y la verdad es que no fue tan mal. Que me quedé corto, lo único; me sobró mucho tiempo de las dos clases. Pero estuvieron majos. Ya veremos en el examen si se les quedó algo en sus áridas cabecitas...


domingo, 10 de septiembre de 2017

Molimo, Morena...

El primero de mis domingos sudafricanos, que queda ya algo lejos, os dije que en el Campus había celebraciones los domingos de decenas de iglesias distintas, pero que como estábamos en exámenes, y luego vacaciones de invierno, de momento tocaba irse fuera. Pero pasaron unos y otras, y desde la semana en que llegó Joaquín estamos yendo a la Misa del campus. A una hora bastante mala, la verdad: a las dos de la tarde; pero bueno, amarga menos que irse fuera atpc. La Misa, que es directamente en una clase de una de las facultades, la celebra un cura muy negro y muy gordo; y estoy empezando a darme cuenta de que el "estilo telepredicador" es una cosa directamente africana, sin importar la denominación. Se junta una buena recua de estudiantes, como 50-60, que se ríen mucho con los chistes, y que (sin llegar al nivel de las "misas de negros" de la tele) bailan durante las canciones, las muchas (muchas) canciones con que nos ayuda a hacer penitencia regala el coro... canciones en sesotho la gran mayoría, en las que poco a poco he empezado a identificar palabras sueltas, como Molimo (Dios), Morena (Señor) o magodimo (cielo). Nada que ver con ninguna lengua reconocible, la verdad; pero luego uno ve el sesotho escrito y la verdad es que al menos leerlo es muy fácil, porque es una transcripción fonética muy similar al castellano. Igual me animo el curso que viene; sonar desde luego suena mejor que el afrikáans...

Estos del vídeo bailan un poco más que los nuestros. Y además no cantan en sesotho, sino en tswana... pero bueno, como si lo fueseis a notar. Yo al menos no; si no son iguales, por lo que escucho en el vídeo deben de ser bastante similares, rollo español-portugués... Os sirve para que os hagáis una idea del ambiente:

viernes, 8 de septiembre de 2017

Agua para elefantes -africanos-

Un grupo de elefantes en el Kruger, estirando la trompa para beber del agua de un depósito descubierto, que a su vez alimenta un abrevadero adyacente; ya lo habéis visto antes en otra foto, de hecho. ¿Y por qué llevan las criaturas semejante trabajo, pudiendo beber directamente de la charca? Esa es la pregunta que se hizo mi jefe hace algún tiempo, y para contestarla reclutó el año pasado unos cuantos americanos deseosos de hacer prácticas, y pasaron unos cuantos días grabando los elefantes con cámaras trampa y analizando el agua de depósitos y charcas. Y al que esta entrada escribe le toca ahora la parte divertida: hacer los análisis estadísticos.

Y bueno, al menos esta vez la historia sale bastante clarita y no hay que romperse mucho la cabeza para contarla: aunque el agua de los depósitos (puntos negros) llena luego las charcas (blancos), el agua no es ni por asomo la misma; está llena de caca. Normal, por lo demás, cuando mil y un animales se meten en ellas para beber y bañarse. Y los elefantes que pueden, señoritos ellos, prefieren beber del agua limpia, y no del caldo de bacterias...

Hace nada estaba con las historias de sociología (y sigo...), y ayer y hoy he estado metido hasta las trancas en mierda de paquidermo, aunque fuese virtualmente. Ya veis que, otra cosa no, pero los temas de mi postdoc son de lo más variados.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

La ética del postdoc

 Discutía hace poco con Joaquín la ética de hacer algo correcto por razones incorrectas (ya ves qué conversaciones más elevadas tenemos); por ejemplo respetar los límites de velocidad para evitar causar accidentes que dañen a alguien... o únicamente por evitar las multas.  Y me acordé de ese diálogo esta mañana, en medio del seminario de un día sobre la regulación de la experimentación con animales en Sudáfrica al que acudí por tener una excusa para no ir a trabajar, por la comida gratis, y para ver si conocía alguna sudafricana de buen ver; no necesariamente por ese orden.

 Y a la vista de lo que nos dieron de comer, no me preguntéis por el resto de mis objetivos...

Me hizo gracia que la Universidad tuviese "agua institucional". Aunque no es agua mineral, sino "prepared water", esto es, agua del grifo. Bueno, que la habrán pasado por ósmosis o algo, pero agua del grifo era. Agua, a fin de cuentas; la estupidez actual con las aguas especiales me hace fruncir el ceño bastante.

Por lo demás, el seminario no fue mal; aunque esperaba del mismo más profundidad en lo tocante a los permisos y demás que tenemos que cumplir para tomar muestras y poder luego trabajar o viajar con ellas. Pero el conferenciante se detenía media hora con cada diapositiva, y por algún motivo le pareció imprescindible que gastásemos la última media hora viendo un documental (que no estaba mal, pero...); y el tiempo dio de sí lo que dio de sí. La verdad me sorprendió descubrir que Sudáfrica tiene una normativa bastante extensa y moderna en lo que respecta a estos temas de ética animal. Normativa de la que aparentemente todo el mundo hacía caso omiso hasta que un día el Ministerio vio la oportunidad de sacar tajada, dio el puñetazo en la mesa y empezó a hacer revisiones a multar y a obligar a que se cumpliesen las normas. ¿O les entró un ataque de mala conciencia? Volvemos a la discusión con que abría esta entrada... si bien el hecho de que la normativa de experimentación animal nacional no sea de libre acceso, sino que haya que pagar para descargársela, da que pensar... aunque, por supuesto, uno no tenga problemas para encontrarla pirateada.

martes, 5 de septiembre de 2017

Naval Hill

 Naval Hill es mucho más que el Planetario. Ante todo es un parque (monte, mas bien) donde la gente viene a pasear, a correr y a sacarse fotos con las jirafas tiñosas que se dejan ver de vez en cuando, apenas sacos de piel y hueso sobre zancos. Y es también un mirador desde el que ver al suroeste tanto la ciudad como todo lo que la reverberación del sol deje ver del Free State (que por plano no será). Su condición de mirador la supieron aprovechar los ingleses durante las guerras anglo-bóers, e instalaron en ella los cañones de barco que acabarían dándole nombre.

 A los pies de la misma, Bloemfontein, que desde arriba no parece tan fea, polvorienta y astrosa como cuando uno la recorre a pie de calle.

 Y contemplando el panorama, una estatua de Mandela inaugurada hace unos pocos años, tras la muerte del carismático político. En Bloemfontein se fundó en 1912 la Asamblea Nacional Africana (ANC), partido clandestino durante todo el periodo del apartheid y partido gobernante por mayoría absoluta desde 1994, a pesar de los cada vez más numerosos casos de corrupción y mala gestión entre sus filas, que puede que empiecen a pasarle factura en las elecciones generales de dentro de un par de años.

 A los pies de la estatua nos habíamos dado cita hoy con los estudiantes de Vertebrados y con la estrella de día, Jann Snakeman, que entre otras cosas es el encargado de la colección de reptiles del zoológico de la ciudad.

 El cometido de Jann era hablar a los alumnos de que las serpientes no son tan malas como se las pinta, ni siquiera las venenosas, y se trajo un par para que sus enseñanzas, explicadas con un estilo de telepredicador muy entretenido, calasen más hondo.


 Las protagonistas fueron esta cobra escupidora anillada Hemachatus haemachatus...


... y una víbora bufadora Bitis arietans, una mala bestia que, con ser gorda como un brazo, era de tamaño bastante modesto para su especie. Aparentemente las dos serpientes son relativamente frecuentes en el entorno de la ciudad, pero creo que los alumnos agradecieron más que las viésemos así en condiciones controladas, que no que hubiésemos salido al campo a buscarlas. Ya veremos si me acabo cruzando yo con alguna...

lunes, 4 de septiembre de 2017

Jovencillas vetustas

Como decía Durrell, las tortugas tienen ese curioso aspecto de nacer siendo ya viejisimas, como si llevasen mil años en el cascarón; tal vez la Vetusta Morla no fuese sino una chiquilla, y lo de llamarse a sí misma "vieja" una broma adolescente... Acabado el verano, mi artículo de septiembre en EMNMM va de tortugas: de las dos que, de forma natural, podemos encontrar en Madrid; y que están naciendo por estas fechas. Dos criaturas acuáticas como su congénere del Pantano de la Tristeza, pero mucho mejor humoradas... a ver si os las encontráis por ahí alguna vez.


domingo, 3 de septiembre de 2017

"Buscaba una entrada... y me perdí"

Va una entrada, un poco de relleno para vosotros tal vez, pero no para mí. Ayer mismo, en que cumplió él 26, y cumplimos nosotros además cuatro años desde que nos conocimos en el Departamento; ayer digo aterrizaron Álex y Andrea en Berkeley, para hacer (este año, juntos) la segunda de sus estancias de doctorado. Y ya me diréis que qué tontería, que qué más me da que se queden en España o se vayan a California, estando yo en Sudáfrica... no se: es un poco el dolor del emigrado, de ver que la vida sigue allí donde uno la ha dejado; que no se queda todo como congelado, esperando a que vuelva uno... pero estoy contento yo aquí, y están contentos ellos, y estoy contento yo. Yo con mi buena salud, y mi amigo con sus cigarros... casi casi me daría pena que dejase de fumar antes de que volvamos a vernos.

jueves, 31 de agosto de 2017

Encuentros en la Tercera Planta


"¿Sois españoles?", nos preguntó una voz con acento español, dentro del ascensor. "Pues... a la vista está". La voz venía de detrás de dos cajas, y su propietaria resultó ser Carmen, mitad española y mitad suiza, y recién instalada en nuestra residencia. Y Carmen, que realiza una estancia postdoctoral de seis meses tratado temas de traducción, resultó no estar sola...


... sino que formaba parte de un pequeño colectivo, que desde ayer cuenta con dos integrantes más. Así que a fin de cuentas ni era yo el único español de la ciudad, ni había tan pocos como yo pensaba. Bien, bien; ya tocamos más a repartir, para cuando enviéis a que nos graben a los de algún programa de esos de expatriados...

miércoles, 30 de agosto de 2017

... y lo que opinen los demás no está de más

No hay como viajar y ver mundo para que se le quite a uno el pelo del eucaliptal... En Europa "no nos queda" naturaleza salvaje, y lo normal es que en nuestras reservas naturales siga habiendo aprovechamientos por parte de los locales; cuando no directamente gente viviendo dentro, incluso en parques nacionales como Picos de Europa. Pero en buena parte del mundo, los parques nacionales se establecieron allí donde ya no había nadie... o, como pasó en muchos lugares de África, Kruger incluido, en lugares donde sí había gente, pero a la que se expulsó sin muchos miramientos, antes de poner una verja alrededor. Y que te echen de tu casa para cuidar de unos bichos es el motivo más palmario que puede tener alguien para abjurar de un área protegida, claro. En los alrededores del Kruger vive ahora mismo más de un millón de personas, muchos de ellos descendientes de gente que antes vivía dentro del Parque. La mayoría viven en asentamientos chabolistas, están en paro y comen de subsidios; y de las pocas huertas o animales que puedan tener, que a veces caen presa de los depredadores que escapan por los huecos de la verja del Parque. Sin embargo, el sentimiento generalizado, al menos ahora, y entre los jóvenes, es el de que el Kruger es importante, y que los furtivos son criminales que "impedirán que nuestros nietos vean rinocerontes", como dice la gente a pesar de que ellos mismos, aunque hay días de visitas guiadas gratuitas, tampoco han intentado nunca ir a ver los rinocerontes en directo... Todas estas cosas van saliendo a la luz con el trabajo que tengo ahora entre manos: analizar los 600 cuestionarios que se han ido haciendo en el último par de años (en este, Leif) sobre las opiniones de la gente local sobre el Parque, con la idea de hacer propuestas de mejora los planes de gestión del mismo... ya veis: yo, que venía a trabajar con parásitos de aves, y me meto ahora a las ciencias sociales...

martes, 29 de agosto de 2017

En tres palabras

... Nunca llegasteis a confirmarme ninguno si el modelo de Google era estándar para todos o si en cambio variaba entre personas... bueno, al menos ahora ya sé que varía entre años. Me pillaba el anterior en París a toda (alta) velocidad camino del sur, de Dijon; y se ve que tan rápido fui que me pasé un poco de frenada, hasta acabar este año un poco más al sur, soplando por vez primera las velitas en invierno... metafóricamente, que tarta no hubo; ya con la de hace un par de semanas me conformo.

Ea, ya estoy apenas a 365 días de dejar atrás la horquilla de la juventud... pero bueno, no me noto especialmente cambiado con respecto a ayer; seguramente tampoco respecto de mañana. El mismo Antón de siempre...

lunes, 28 de agosto de 2017

Vientos de agosto

¡Y a ver de qué os hablo yo, ahora que ya he despachado las fotos del Kruger y las historias interesantes! Tendré que salir al campo otra vez pronto... Por aquí estamos ya terminando la temporada de los "vientos de agosto": vientos que preceden al final de la estación seca y que dejan el aire (y los muebles, y los coches, y el suelo, y tu ropa tendida, y tu boca cuando la abres...) lleno de polvillo rojizo. Ya casi nunca hiela por las noches, y de día la temperatura supera los 25 ºC. Empiezan a abrirse las yemas de los árboles de hoja caduca, y de la noche a la mañana el campus se ha llenado de nuevo de abubillas-arbóreas, que hacía meses que no se dejaban ver por aquí y cuya risa como de cucaburra se oye ahora por doquier...

 Me mudé de puesto yo, de junto a la ventana al intermedio del despacho: a mí me molestaba el brillo de fuera en la pantalla y tenía las cortinas corridas, y Joaquín tenía frío y las prefería descorridas; así que lo lógico era intercambiar mesa. Desde hoy dejo además por fin de cargar con el portátil y estreno ordenador, solo dos meses después de pedirlo...

Y poco a poco va llegándome también el material de laboratorio que he pedido, con el que empezar a trabajar con las muestras de sangre. Pero aunque yo creía que ya a la vuelta del Kruger iba a empezar con esto, no toca aún: mi jefe cada día encuentra nuevas tareas de ordenador que encomendarme, con lo que se va retrasando lo de volver a darle a la pipeta... Ya os iré contando en qué cosas ando metido, que si ya lo de las termitas me pilló fuera de mi zona de confort, lo de ahora tampoco se queda corto.

domingo, 27 de agosto de 2017

El coto de los Sutherland (PNK, y XV)

¡Perdón! Perdón por lo desatendidos que os he tenido estos días. No es que haya estado especialmente liado, pero quería rematar con las entradas del Kruger, y eso implicaba hacer una cierta selección y edición de fotografías, lo que siempre lleva más tiempo que preparar una entrada únicamente con texto... y además me habéis pillado la mar de vago estos días. Pero bueno, aunque este fin de semana no me he detenido mucho tiempo delante del ordenador, al final he rascado tiempo para acabar esta serie de quince entradas, tantas como días pasamos allá. Aunque termino de hecho con el relato de una visita que hicimos fuera del Parque, a casa de los Sutherland. Como ya os dije en la primera entrada de esta serie, el primer día de viaje no fuimos al Kruger directamente, sino que nos alojamos con la familia de Klinette, en White River. A mayores de un negocio de pozos y barrenas, los Sutherland alquilan un gran coto de caza, y allí fuimos a pasar un día de fin de semana con ellos, dejando el Parque por unas horas.

El terreno, para estándares gallegos, no sé para extremeños o andaluces, era gigantesco. Pero la familia lo alquila, no lo tiene en propiedad, para evitar las complicaciones que surgirían si en algún momento a alguien se le diese por establecer en el terreno un asentamiento chabolista; cosa que pasa de vez en cuando, y que ya desarrollaré en alguna otra entrada. El coto poseía varias especies de antílopes cazables y alguna cebra semidoméstica que se acercaba a ver si teníamos naranjas que darles; pero no animales peligrosos, por lo que uno podía moverse por allí con tranquilidad.

Los principales clientes del mismo son cazadores locales o extranjeros; pero el terreno cuenta además con varias casas capaces de albergar grupos grandes, de modo que se alquila también como lugar para retiros o seminarios de empresas, y también para campamentos de colegio. En especial para actividades de "supervivencia y cultura tradicional" para las jóvenes generaciones de afrikaners, que van allí varios días a caminar por el monte, a aprender a orientarse, a hacer hogueras y a disparar, entre otras cosas. Leif (en la foto) y el que esto escribe tuvimos la oportunidad (que no me llamaba especialmente, pero que me parecía feo despreciar) de practicar con un rifle en la galería de tiro que tenían, disparando "al estilo bóer": desde la parte de atrás de una ranchera.

Colinas: se agradecía ver algo de relieve, siendo como son el entorno de Bloemfontein y el propio Kruger unas zonas tan llanas. La verdad es que los Sutherland nos trataron maravillosamente bien, organizándonos todo el día de excursión, con barbacoa (cómo no...) incluida. Pero vistos desde un prisma europeo los afrikaners son un pueblo de lo mas peculiar, sobre los que espero explayarme también con más detalle en entradas venideras: una gente muy enamorada de su tierra, y a la vez muy envenenada con una especie de fatalismo precolombino, una visión de que el mundo que conocen se despeña cuesta abajo sin solución...

Para otros se despeñó antes que ellos, en todo caso. A lo largo y ancho del coto, cuando queman parcelas para que rebrote la hierba aparecen aquí y allá pequeños cuadrados de piedras, el equivalente sudafricano de los castros; y son tantos los molinos de mano que se encuentran que ya ni los recogen...

Despido esta entrada y esta serie ya con un par de imágenes de los chavales que dieron sentido a estas dos semanas, pues a fin de cuentas fuimos allí "por ellos": para que Leif, el americanito, hiciese sus prácticas de verano de Sociología haciendo encuestas entre la población del entorno del Parque (y sus prácticas de español conmigo)...

... y para que Mariska y Klinette llevasen a cabo los trabajos que ya os comenté en el tiempo que tenían libre entre café y café. Y yo entremedias tachando bichos como un loco :-) Que también me hacía falta...