lunes, 26 de septiembre de 2016

Apuntarse a un bombardeo

Me dio por jugar un poco a la "ruleta rusa" ayer al salir de Misa... Hacía un día de lo más agradable, con un sol templado luciendo en el cielo azul (nada que ver con el pasado domingo, de diluvio helador), pero al pasear por la avenida arbolada de vuelta a casa, de vez en cuando se escuchaba el ruido de algo contundente impactando contra el suelo, ruido que se multiplicaba si se levantaba algo de brisa. Sabía lo que era, y aún así ni cambié de acera, ni de ritmo. Ni miré hacia arriba tampoco, que siempre será mejor recibir un castañazo en la cocorota que en las gafas o la nariz. Eso eran: castaños de Indias, regando la calle con su cosecha anual.

Wikifoto
Son cosas que no acabo de entender: que desde la oficina que toque en el ayuntamiento no piensen en no plantar en las calles especies que pueden ser claramente molestas para los viandantes, con la de árboles que hay para escoger de tamaño moderado (mejor que te caiga una rama encima... que una "rama" del tamaño de un arbolito), hojas pequeñas (o mejor, perennes) y frutos secos y pequeños... Esperando una vez en autobús en Orense, en el parque de San Lázaro, me cayó no ya una castaña, sino un erizo entero de estos, y maldita gracia que me hizo. ¿Por qué pues ayer me comporté como lo hice? Bueno, pues no sabría explicarlo; supongo sin más que hay veces en que el cuerpo te pide vivir un poco al límite...

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