miércoles, 20 de septiembre de 2017

Slangman de nuevo

Trascurridas dos semanas, volvimos a vernos las caras con el "domador de serpientes", para que pudiese verlo en acción la otra mitad de los alumnos de Vertebrados. Pero esta vez no tuvimos que ir hasta Naval Hill, sino que vino él al Campus. Y malamente refugiados del sol a la sombra de un árbol sin hojas, escuchamos de nuevo su discurso sobre la biología y la conservación de los reptiles...

... discurso que fue bastante más largo que la otra vez, la verdad. De modo que cuando nos metimos en harina y salieron las serpientes a pasear, nos pilló con muchas ganas. Se trajo a nuestras dos amigas de la vez anterior, la víbora bufadora y la cobra anillada...

... y a una tercera amiga: una preciosa cobra del Cabo Naja nivea, que completaba con las otras dos la terna de especies peligrosas del Free State. Se trajo también una pitón de roca Python sebae para que la gente la manosease un poquillo y se hiciese fotos con ella.

Y no sé, la verdad: la línea entre la educación ambiental y el circo puede estar a veces bastante borrosa, y yo con este hombre y sus serpientes no acabo de estar a gusto, o de ver que realmente sea beneficioso... esperemos que sí.

Encaramada a un ciprés cercano, esta garza cabecinegra Ardea melanocephala, un ardeido que suele moverse por pastizales y zonas así en general secas, no nos quitaba ojo. Creo que si le hubiésemos dejado participar en el show nos habría hecho una demostración bastante convincente de cómo opina ella que hay que tratar con las serpientes...

lunes, 18 de septiembre de 2017

Serines de sustitución, y clases recicladas

Serín verdecillo. Luis García. Wikipedia
Esta mañana, antes de salir de casa a la Facultad, me dio como un ataque de nostalgia natural, y a punto estuve de quedarme un buen rato hojeando la Mullarney/Svensson: echaba de menos ver algo de fauna europea; y mira que estoy la mar de contento con los pajáros que veo aquí, pero aún así... Me faltaban en concreto esta mañana los pequeños fringílidos: los jilgueros, verderones y verdecillos con que me cruzaba a diario por Ciudad Universitaria.

Derek Keats. Wikipedia
Y en esas estaba cuando, ya por el Campus, me di de bruces con un fulano como el de la foto: un serín amarillo Crithagra flaviventris. Que ya empieza a ser raro: cuatro meses paseando estos mismos jardines casi a diario y encontrar hoy una nueva especie residente (pues las oscuras golonrdinas y otras migradoras primaverales empezarán a llegarnos ahora desde vuestro moribundo verano). Bien es verdad que, pese a ser también residentes, los serines desaparecen en invierno de Ciudad Universitaria; o al menos no se dejan ver, o al menos yo no los veo. Será aquí también así...

Sea como fuere, no es lo único que me ha retrotraído hoy a la Complutense...: resulta que, de la noche a la mañana, mi querido jefe decidió que se iba a ir a un congreso de Parasitología que empieza dentro de nada... en el Kruger (¡*&#*!); y como no es tan santo el pobre como para bilocarse, pues me pidió que diese yo las primeras clases de la asignatura de Ornitología, que ahora comienza.

Y la conexión complutense llega por aquí: ¡a Dios gracias que se nos ocurrió, allá por 2008, organizar a Javi, a Vero y a mí aquel curso de ornitología, cuyas diapositivas tan bien me están viniendo ahora! Traducidas y sobre todo retocadas, claro, que ¡hay que ver lo que me gustaba de aquellas usar fondos de colores en las presentaciones!

sábado, 16 de septiembre de 2017

La olimpiada cientéfica

Mi gurú esperitual
Qué relativo es el tiempo, el jodido de él... muchas veces, si me preguntaseis, os diría que "parece que fue ayer"; pero hoy es uno de esos días en que cuatro años me parecen cuarenta. Mientras que muchos de mis compañeros de promoción del colegio, de la carrera, de la tesis... avanzan con sus vidas y crían a sus hijos (dos nuevos solo en agosto; y luego dicen que no nacen niños), yo bien pronto habré estado en la Universidad casi tantos años como fuera de ella. Y lo que pesa no es eso en sí, sino seguir "de estudiante". Con un ritmo despreocupado que en realidad no cambiaría por nada del mundo, pero con la preocupación de que cada beca que se echa, cada artículo que se envía, sientan como presentarse a un examen; uno mal preparado, además... pero oye, tampoco es que esté tan mal. ¿Que igual me ha pillado hoy el día tonto? Igual. Pero me ha pillado también en Sudáfrica, y eso es una señora victoria, visto lo visto. Así que nada, echaremos otros cuatro meses, otros cuatro años u otros cuarenta, entrenando cada día para cuando lleguen las competiciones de estos Juegos Cientéficos. Que la cencia no se hace sola...

viernes, 15 de septiembre de 2017

El jardín, ladera arriba

Ayer jueves con los alumnos no nos quedamos mucho abajo junto al laguito, que a fin de cuentas habíamos venido a ver zonas áridas. Y ya veis en la foto que, sacando la parte irrigada del jardín (la masa boscosa de abajo), el Free State es más bien árido; tanto más ahora que estamos ya hacia el final de la estación seca, y con unas temperaturas casi diez grados más altas que las medias para esta época.

¿Qué pululaba por aquí arriba? Pues aves más bien pocas, por no decir que apenas ninguna; claro, a quién se le ocurre subir aquí a las dos de la tarde con toda la solana, solo a mi jefe... Me dio la vida al menos para tacharme una prinia pechinegra Prinia flavicans despistada que se puso a tiro de prismáticos, que no de cámara. Entre las matas de hierba seca asomaban aquí y allá las espiguillas florales de algún áloe desconocido para mí y sin su cortejo de suimangas, que lo hubiera hecho mucho más interesante...

Una mata de euforbia lápiz Euphorbia mauritanica, que me recordó un poco a sus primas las tabaibas canarias. El arbusto del fondo, por cierto, es un acebuche; que a mayores de en la cuenca mediterránea se los encuentra uno un poco por todas las regiones medio secas de África.

 Un bicho, por fin, compensando con su abigarrado aspecto la ausencia general de fauna: un saltamontes espumador Dictyophorus spumans, grande como una langosta, áptero y rematadamente torpe. Pero tampoco necesitas ser un atleta consumado si eres tan tóxico como él; el colorido que se gasta no deja lugar a dudas. Se pasan estos saltamontes la vida comiendo plantas venenosas, cuyo veneno aprovechan luego en beneficio propio, segregándolo a modo de espuma cuando alguien, algún daltónico supongo, les toca las antenas...

 Uno de los pocos arbolillos que no tengo problema en identificar aquí, por lo peculiar que es, un (y traduzco el nombre inglés) "árbol repollo de montaña" Cussonia paniculata, de la familia de las hiedras, con unas hojas como palmeadas y de borde serrado muy grandes y distintivas, de tono gris azulado.

 En otro árbol repollo de estos descubrí un pájaro carpintero que se lo estaba pasando pipa a base de dejarlo como un colador. A pesar de que no conseguí hacerle ninguna foto decente, me fui para casa la mar de ilusionado, con la esperanza de que (como os dije ayer) al tirar de fotos y guía resultase ser algo nuevo. Pero para mí gran decepción era "solo" un pito cardenal Dendropicos fuscescens: uno de los pájaros carpinteros más extendidos por toda África subsahariana, y que de hecho me había tachado ya en el Kruger. Para colmo de males, y también para tranquilidad mía futura cuando vea un pájaro carpintero en peores condiciones, resulta ser además la única especie que se encuentra en esta bendita ciudad.

Esta ciudad que, por su situación céntrica, ha sido siempre una joya muy deseada, y no solo para hacer postdocs: a lo largo de buena parte de la ladera corría un muro de piedras bastante pesadas de dolerita; un parapeto militar recuerdo de la segunda guerra anglo-bóer, que terminó con victoria para los ingleses y posterior incorporación de toda Sudáfrica al Imperio (aunque no por mucho tiempo). Tras tomar la ciudad sin mucho esfuerzo en 1900, los simpáticos británicos (iba a escribir "ingleses", pero luego me acordé) establecieron en ella un campo de concentración de mujeres y niños africáners de donde salieron pocos con vida. Empezaba ya bien la historia del país...

jueves, 14 de septiembre de 2017

El jardín, ladera abajo

"Pero ¿y eso es un jardín botánico?" Esta frase, acompañada de todo tipo de descalificativos, ha sido la tónica habitual entre los que habéis visto por wasap esta imagen de una panorámica del Jardín Botánico del Free State, donde llevamos esta tarde a los alumnos de Zonas Áridas para que remoloneasen un poco entre los arbustos...

 ¿Os parece ya mejor así, con parterres, sombra y cartelitos? Trajimos a los alumnos aquí precisamente porque el recinto alberga varias masas bien conservadas del matorral de transición entre el Karoo y el Highveld, la vegetación típica de la zona de Bloemfontein; pero a mayores también tiene lo que la gente espera de un jardín botánico.

 Y por tener tiene hasta un pequeño laguito, al que le tenía yo bastantes ganas, para ver si conseguía tacharme algún ave acuática. Pero el laguito estaba ahora, al final de la estación seca, pues prácticamente vacío, y apenas sí se veían más que unas cuantas fochas morunas y zampullines comunes, que son ambos los mismos que tenemos en España (aunque las fochas morunas, que son la focha estándar del África subsahariana, estén amenazadísimas de extinción en España).

 Sorprendí en una rama al borde del agua, y fotografié bastante mal, a este juvenil de cormorán africano Microcarbo africanus, pequeño como un pato, y con el pico muy corto. Aunque a estos ya los había visto en el lago artificial del centro comercial grande de la ciudad...

 ... igual que también había visto correteando por el campus (aunque no muchas, cierto es), a las lavanderas del Cabo Motacilla capensis, que correteaban aquí a su vez por el borde limoso del agua, con su pinta a medio camino entre lavandera blanca y cascadeña.

 ¡Por fin!, de algún escondrijo entre las espadañas donde no se les veía al llegar nosotros, salieron nadando estos ánades picolimón Anas undulata tan bonitos, los primeros patos distintos del ganso del Nilo que veo en este país (los gansos del Nilo en cambio uno se los encuentra un poco por cualquier herbazal, aunque no haya agua a la vista). Aunque estos dos nadaban con actitudes parejiles, como la inmensa mayoría de los patos tropicales que me vienen a la cabeza ahora mismo estos no muestran dimorfismo sexual... ¿por qué será eso? A ver si investigo algo... 

Y acabo ya con una foto que no os dirá nada, pero que a mí me sirvió de mucho, en concreto para tacharme un bicho más. Mis fotos de bichos en general no son muy buenas, pero bendigo cada día de campo la cámara que me regalasteis en mi despedida y sus sesenta aumentos, que me sirven mucho para luego repasar detalles en casa y poner nombre a bichos que se me quedarían si no en el tintero. A este por ejemplo lo escuchaba cantar muy bien, pero semioculto entre las ramas y alto en el árbol como estaba, con los prismáticos no se veía nada que me ayudase a ponerle nombre. Es ahora cuando, a la vista del mecho algo estriado, de la garganta moteada de negro y de la cola con los lados blancos (y confirmando que el canto es el que escuché); es ahora digo que puedo decir que me he tachado también el serín gorjinegro Crithagra atrogularis. Y tan contento, con mis dos bichejos nuevos...

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Manrique y el Kruger

 Cada vez que enciendo el portátil, mi fondo de pantalla me recuerda lo bien que podría estar en el Kruger en vez de aquí asándome de calor (que hemos pasado del invierno al verano sin tiempo ni de pestañear... y, de hecho, aún estamos en invierno). Allí también me asaría, vaya; pero en el campo viendo bichos, que presta más que en el despacho... Para matar la nostalgia del Parque, al poco de volver me compré cuatro libros; que las cosas, si se hacen, se hacen bien: tres libros de memorias de los inicios del Kruger, y este otro:

101 Kruger Tales es el libro con el que me estoy yendo a dormir desde hace poco, y por menos tiempo aún, pues creo que a mañana no llega... Como dice su tagline, es una recopilación de "historias extraordinarias sucedidas a visitantes ordinarios del Parque", contadas por ellos mismos y simplemente recopiladas por el editor. Como dice el propio libro, el Kruger tiene una cosa especial, que lo distingue de la mayoría de las grandes reservas africanas: al igual que la muerte de las Coplas, el Kruger trata a todos por igual. El acceso está restringido para todo el mundo a las carreteras y un puñado de recorridos que se pueden hacer a pie, y uno puede visitar el Parque en su propio coche viejo y destartalado, sin tener que pagar para que lo paseen a uno de safari. De este modo, ricos y pobres tienen las mismas posibilidades de irse para casa de vacío o con algún recuerdo que les dure toda la vida; es cuestión de suerte. Me ha resultado muy curioso leer una y otra vez, a lo largo de las historias (algunas graciosas, otras terroríficas, otras "sin más" emocionantes), como mucha gente comenta cosas del estilo "llevo viniendo al Parque todos los años, ya desde que mis padres me traían de acampada de crío..."; y me hace gracia pensar en los que ponen los ojos en blanco y chasquean la lengua cuando les digo que voy a Monfragüe "otra vez"... no, si yo entiendo que el tiempo es limitado, y que hay muchos sitios que ver; pero es que hay sitios que son distintos cada vez que uno los pisa, así que también cuenta. Qué ganas tengo de volver... y al Kruger, también.

PD. ¿Cómo diríais "tagline" en español?

lunes, 11 de septiembre de 2017

¿Tierra yerma?

 Tuvimos hace algunas semanas una reunión de mi grupo de investigación, y mi jefe nos dijo que le había llegado una invitación de un "retiro de escritura" (básicamente un fin de semana a gastos pagados por el Ministerio para que la gente a medias se relaje y escriba ciencia de calidad), en Clarens, una zona muy turístico-occidentalizada del NE del Free State. Y cuando ya me relamía pensando en lo mucho que iba a sufrir, y en las aves de la media montaña drakenbergsiana, añadió que "... entonces Antón, si no te importa, ¿das tú las clases que me tocaría dar a mí ese lunes?"
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"Sí, claro, sin problemas". A ver, qué voy a decir. Además que sabéis que lo de las clases me mola mucho, pero como me había hecho ilusiones en apenas unas décimas de segundo... Bueno, eso pasó. Y hace una semana fui yo a una clase de mi jefe, para ver cómo las daba, y preparar yo las mías en consecuencia; y me quedé horrorizado. Mi jefe no hacía más que intentar preguntarles cosas, y ellos con cara de susto y alucine, con la misma cara que pondrían si una urraca empezase a hablarles en lenguas extrañas; y callados como muertos. Y mi jefe, bendito él, que no hacía más que preguntarles una y otra y otra vez, con el mismo resultado; y yo en agonía, deseando contestar yo para evitar aquellos silencios continuos que me estaban matando... me quedé algo asustado, la verdad. Pero bueno, llegó hoy, y fui a darles sus dos clases de Adaptaciones a Zonas Áridas, y la verdad es que no fue tan mal. Que me quedé corto, lo único; me sobró mucho tiempo de las dos clases. Pero estuvieron majos. Ya veremos en el examen si se les quedó algo en sus áridas cabecitas...